KILOS DE MÁS: CREEN QUE QUIENES PESEN MÁS DE 100 PODRÁN BAJAR 20 SIN ESFUERZO
Siempre hay que consultar a los especialistas médicos
El tratamiento de la obesidad está viviendo su mayor transformación en décadas, ya que en los últimos años ha surgido una revolución médica y científica que profundiza en el entendimiento de por qué se desarrolla la obesidad.
Una parte importante de esta revolución son los fármacos de última generación, aunque son eficaces dependiendo el contexto, deben usarse con control médico para evitar efectos secundarios.
Ahora también se cuenta con fármacos como los péptidos GLP-1 o GIP/GLP-1, que ayudan a regular el apetito, la inflamación y el metabolismo.
Tras el éxito global de fármacos como semaglutida (Wegovy, Ozempic) y tirzepatida (Mounjaro), la industria farmacéutica está apostando fuerte por nuevas terapias más efectivas, accesibles y cómodas para los pacientes.
Así salió una pastilla oral de administración diaria cuyos ensayos clínicos han sido alentadores: orforglipron.
Con la llegada de pastillas orales, combinaciones hormonales avanzadas y tratamientos mensuales, el abanico terapéutico se amplía como nunca antes.
De todos modos, hay que tener en cuenta que existe una brecha entre los ensayos clínicos y el uso real, sobre el que alertó la Cleveland Clinic: muchos pacientes no alcanzan las mismas pérdidas de peso que en los estudios, principalmente por no llegar a la dosis objetivo o abandonar el tratamiento antes de tiempo, lo que subraya la necesidad de educación, acompañamiento clínico y buena adherencia.
Una consulta entre más de 700 participantes reveló que cerca del 28 por ciento tiene una predisposición genética que dificulta la pérdida de peso a pesar de dieta y ejercicio.
Esto refuerza la necesidad de un enfoque médico más personalizado y menos estigmatizante.
El auge de los fármacos para perder peso está afectando incluso a la industria alimentaria: marcas de snacks y bebidas reportaron caídas en ventas, mientras crecen los productos bajos en calorías y ricos en proteína. Algunos expertos ya hablan de un “efecto Ozempic” sobre el consumo social.
Entre los fármacos sobre los que se trabaja, Novo Nordisk presentó datos preliminares de amycretin, dual, que combina GLP‑1 y amilina, dos hormonas clave en el control del apetito.
En sus versiones inyectables se logró una pérdida de hasta un 24,3 % del peso corporal, mientras que la versión oral alcanzó un 13,1 %.
Asimismo, Amgen está desarrollando MariTide, un tratamiento inyectable de aplicación mensual que ha demostrado una reducción de peso del 20 %, además de beneficios en condiciones como la presión arterial o la apnea del sueño.
Su principal ventaja: menos frecuencia de administración y buena tolerancia.
Eloralintide es un análogo de amilina que por sí solo generó pérdidas del 11.5 % en solo 12 semanas.
Además, planean combinarlo con tirzepatida, lo que podría suponer un nuevo “combo estrella” en el futuro.
La obesidad no es sinónimo de pereza o dejadez. Personas con comportamientos similares pueden desarrollarla o no debido a procesos fisiológicos, enzimáticos y genéticos; se han identificado factores como la resistencia a la insulina, el funcionamiento del páncreas, la calidad y cantidad de masa muscular, la función mitocondrial y procesos inflamatorios crónicos de bajo grado.
En ensayos clínicos fase 3, los pacientes llegaron a perder hasta un 7.9 % del peso corporal, resultados comparables a tratamientos inyectables, pero en formato mucho más cómodo.

